lunes, 5 de marzo de 2018

Crónicas de guerra: El escape del Kronprinz Wilhelm

Para entender esta anécdota, tenemos que retroceder a 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. A principios de agosto de aquel mismo año, con la sombra del conflicto ya sobre Europa, para evitar que Alemania convirtiera sus buques mercantes (muchos de ellos atracados en puertos neutrales) en cruceros auxiliares, minadores... en definitiva, en buques de guerra, como el caso del ferry Königin Luise, el Almirantazgo Británico decidió colocar un bloqueo marítimo para evitar que estos navíos regresaran a Alemania.
El Königin Luise de la HAPAG, elegante ferry que, mientras servía como minador, fue hundido a cañonazos por el HMS Amphion el 5 de agosto de 1914.
Por órdenes llegadas desde Londres, se enviaron tres cruceros de la clase Monmouth (los HMS Berwick, Lancaster y Essex) para formar un cordón limitando las aguas territoriales americanas, en la marca de 3 millas desde la costa. Este cordón controlaría la entrada y salida de barcos desde y hacia grandes puertos estadounidenses como Nueva York o Hoboken, ofreciendo escolta a dichas naves. El HMS Essex prestó por primera vez este servicio cuando escoltío a los célebres transatlánticos Lusitania y Aquitania en su ruta hacia Halifax, en Canadá.
El imponente RMS Aquitania a principios de 1914.
El crucero de su majestad HMS Essex en 1905.
Y aún más importante que la escolta: los tres cruceros Monmouth bloquearían el escape de barcos de pasajeros y mercantes alemanes, y de esta forma eliminando el peligro de que fueran armados por la Marina Alemana.

Uno de los transatlánticos atrapados en Hoboken, Nueva Jersey no era otro que el famoso SS Kronprinz Wilhelm, un glorioso paquebote de la North German Lloyd que en 1901 ganó el premio al barco más rápido en cruzar el Atlántico. Con cuatro chimeneas y siete cubiertas, el trasatlántico ostentaba 202 metros de eslora y 20 de manga, desplazando 22.300 toneladas gracias a su maquinaria, que le proporcionaba una velocidad de 23,5 nudos. El barco podía trasnportar a 367 personas en primera clase, 340 en segunda y 1054 en tercera. Los interiores de estilo Barroco de primera clase estaban hechos en rica madera tallada a mano, siendo los más lujosos a bordo de un barco en aquella época.
El magnífico Kronprinz Wilhelm, dominando el océano en su viaje inaugural.
El bloqueo naval británico se estableció a principios de agosto de 1914. Por aquellas fechas, el transatlántico germano se encontraba amarrado en uno de los muelles de la compañía.
Para cuando estalló oficialmente la guerra, el 3 de agosto, el Kronprinz Wilhelm ya estaba listo.
Unos días antes, con la sospecha de que la guerra estallaría de un momento a otro, el embajador alemán en Washington se puso en contacto con el capitán Grahn, comandante del transatlántico de la North Lloyd, mandándole una serie de órdenes selladas. En ellas se indicaba el secreto plan a seguir.

Sin llamar la atención, el Kronprinz Wilhelm no despertó sospechas en el muelle cuando los operarios comenzaron a almacenar carga y carbón en las bodegas del barco para partir en otro de sus viajes regulares por el océano.
Pero esta vez, dos detalles no encajaban con la rutina del transatlántico. Ni un solo pasajero embarcó ni reservó para aquella travesía, y en las bodegas de la nave había muchas más provisiones que las que se necesitaban en un viaje normal.
Un momento rutinario en la vida del Kronprinz Wilhelm: los pasajeros embarcan para otra travesía transatlántica.
Pero cuando cayó la noche del 3 de agosto de 1914, a las 8.10 pm, entre las luces mortecinas de las farolas del muelle, el Kronprinz Wilhelm soltó amarras y, silenciosamente, abandonó Hoboken.
La tripulación apagó todas las luces de a bordo, y los ojos de buey y ventanas fueron tapados de cualquier forma, con chapas metálicas, tablones de madera, papel, e incluso colchones y sábanas, para hacer el transatlántico invisible por la noche.
Sigilosamente, el Kronprinz Wilhelm cruzó el cordón de bloqueo británico sin que ninguno de los tres cruceros de patrulla lo detectara. El transatlántico había escapado con éxito.
Al darse cuenta los británicos a la mañana siguiente de que el transatlántico alemán había desaparecido, quedó al descubierto la ineficacia del bloqueo, el cual no había conseguido ni siquiera detectar a un transatlántico desarmado. El cordón tuvo que ser reforzado con más unidades para evitar más "fugas".
El escape del Kronprinz Wilhelm fue un importante logro para los alemanes.
En medio del mar fue pintado en gris y armado con la ayuda del Karlsruhe de la Marina germana, convirtiéndose en crucero auxiliar.
El temible crucero auxiliar SMS Kronprinz Wilhelm, que aterrorizó el océano Atlántico durante siete meses de campaña.

El ahora SMS Kronprinz Wilhelm (Seiner Majestät Schiff, buque de su majestad), convertido en un temible buque corsario, echó a pique nada menos que 13 barcos aliados, en apenas siete meses de servicio.
Finalmente, el 28 de marzo de 1915, el coloso alemán, se rindió finalmente. Con la tripulación agotada, sin apenas combustible ni víveres y en pésimas condiciones de mantenimiento (el navío estaba prácticamente en ruinas), el otrora lujoso Kronprinz Wilhelm arribó a Newport News, donde quedó internado, pasando a ser propiedad de los EE UU. La tripulación fue encarcelada.
El destrozado Kronprinz Wilehlm, a remolque tras ser internado

Tras varios años de servicio para EE UU bajo el nombre de USS Von Steuben, fue abandonado en 1923 una playa desierta junto a otro antiguos transatlánticos alemanes. Permaneció allí varado hasta 1940. Tras décadas a la intemperie, y completamente oxidado, el que fue elegante transatlántico de lujo fue remolcado hasta Baltimore para ser desguazado, convertido en chatarra.
El ex Kronprinz Wilhelm, varado junto a su gemelo el Kronprinzessin Cecilie y otros transatlánticos alemanes en la Bahía Chesapeake, donde permanecieron en deterioro desde principios de los años 20 hasta 1940, cuando, ya oxidados, fueron remolcados al desguace de Baltimore.
Un triste e injusto final para un transatlántico legendario...

FERNANDO M.G.



Agradecimientos: Algunos datos e informaciones para este artículo han sido consultados en los siguientes trabajos, todos ellos magníficos libros: Into the Danger Zone, de Tad Fitch y Michael Poirier; Trasatlánticos Alemanes en Corso, de Lino J. Pazos y la página web The Great Ocean Liners (thegreatoceanliners.com/)


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